Luego de 85 años de vida, el Yankee Stadium será demolido al finalizar esta temporada. Será como matar el mismo deporte nacional...
Nueva York - “¡Maní!, ¡Maní! ¡Maní a 10 centavos!”.
Lo menos que imaginó en 1949 el viejo Bill Burbridge, casi un personaje con pinta de ‘rocanrolero’ que vigila la entrada de la prensa y los jugadores en el Yankee Stadium, es que tendría la oportunidad de conocer tan de cerca a esas estrellas de los Bombarderos del Bronx.
Estrellas que en un principio él tenía que conformarse con verlas desde las gradas, mientras vendía golosinas a los miles de fanáticos que presenciaban los partidos en el parque fundado en 1923.
Pero Burbridge, si no el más antiguo, uno de los trabajadores que más años de su vida le ha dedicado a la organización de los Yankees en el vetusto estadio que será demolido al concluir esta temporada, ha sido parte también de la acción en 60 campañas de trabajo.
“Comencé en 1949 como vendedor de maní. Costaba 10 centavos. Entonces en los 60 empecé a trabajar para los Yankees. He vivido tantos momentos excitantes aquí”, dice Burbridge quien vivió la remodelación en la década del 70, y dice que extrañará más el parque original que el actual.
Burbridge tiene casi tantas historias como el Yankee Stadium. Pero, casualidad o no, tan pronto como el estadio cierre sus portones para siempre en el otoño, él podría decirle adiós también a sus días en el béisbol.
“He tenido momentos emocionantes aquí. Estuve en el incidente de George Brett con el pine jar (una especie de pega o grasa que se utiliza en los bates) cuando el árbitro examinó su bate. Creo que fue en el 1978”, dijo recordando el famoso jonrón que el entonces tercera base de los Reales de Kansas City y actual miembro del Salón de la Fama disparó ante el relevista yankee Rich Gossage.
El batazo, que en realidad ocurrió en 1983, fue anulado y Brett declarado out porque supuestamente su bate tenía exceso de grasa, aunque luego se decidió que fue bueno.
“Mr. Steinbrenner (el dueño de los Yankees) me llamó por el ‘walkie-talkie’ y me dijo, ‘ve y busca ese bate ahora’. Pensé que estaba loco pero, de todos modos fui hasta el plato y ahí estaba George Brett discutiendo con el árbitro. George tiró el bate hacia el dugout y corrí a buscarlo, pero Gaylord Perry lo agarró y me dijo, ‘tú no vas a coger este bate’. Entonces vino el árbitro y dijo, ‘dame ese bate’. Eso me salvó realmente”, agregó riéndose Burbrigde, poco antes de que Brett apareciera por la puerta en ruta a la salida del parque, tras participar hace dos lunes en un partido de luminarias como preámbulo al Juego de Estrellas de la semana pasada.
Pero cómo sería capaz de olvidar aquel cañonazo de Mickey Mantle que se estrelló contra la fachada del techo del antiguo Yankee Stadium. “Casi saca la bola del parque en 1963. Dio en la parte de arriba... con una pulgada o dos más arriba, se hubiera ido la bola”.
“Va a ser triste por el tiempo que hemos estado aquí”, dijo para referirse a la demolición del estadio Frances Mulvey, quien lleva nueve años laborando en el salón de prensa con el concesionario. “Pero con el progreso hay que moverse, y en el nuevo estadio van a haber más cosas para ofrecer al fanático”.
“Ahora el nuevo estadio va a tener que empezar su propia historia”, señaló Verónica Reyes, una fanática ‘antiyankee’ que dijo reconocer el valor histórico de la instalación deportiva de 85 años.
Nueva York - “¡Maní!, ¡Maní! ¡Maní a 10 centavos!”.
Lo menos que imaginó en 1949 el viejo Bill Burbridge, casi un personaje con pinta de ‘rocanrolero’ que vigila la entrada de la prensa y los jugadores en el Yankee Stadium, es que tendría la oportunidad de conocer tan de cerca a esas estrellas de los Bombarderos del Bronx.
Estrellas que en un principio él tenía que conformarse con verlas desde las gradas, mientras vendía golosinas a los miles de fanáticos que presenciaban los partidos en el parque fundado en 1923.
Pero Burbridge, si no el más antiguo, uno de los trabajadores que más años de su vida le ha dedicado a la organización de los Yankees en el vetusto estadio que será demolido al concluir esta temporada, ha sido parte también de la acción en 60 campañas de trabajo.
“Comencé en 1949 como vendedor de maní. Costaba 10 centavos. Entonces en los 60 empecé a trabajar para los Yankees. He vivido tantos momentos excitantes aquí”, dice Burbridge quien vivió la remodelación en la década del 70, y dice que extrañará más el parque original que el actual.
Burbridge tiene casi tantas historias como el Yankee Stadium. Pero, casualidad o no, tan pronto como el estadio cierre sus portones para siempre en el otoño, él podría decirle adiós también a sus días en el béisbol.
“He tenido momentos emocionantes aquí. Estuve en el incidente de George Brett con el pine jar (una especie de pega o grasa que se utiliza en los bates) cuando el árbitro examinó su bate. Creo que fue en el 1978”, dijo recordando el famoso jonrón que el entonces tercera base de los Reales de Kansas City y actual miembro del Salón de la Fama disparó ante el relevista yankee Rich Gossage.
El batazo, que en realidad ocurrió en 1983, fue anulado y Brett declarado out porque supuestamente su bate tenía exceso de grasa, aunque luego se decidió que fue bueno.
“Mr. Steinbrenner (el dueño de los Yankees) me llamó por el ‘walkie-talkie’ y me dijo, ‘ve y busca ese bate ahora’. Pensé que estaba loco pero, de todos modos fui hasta el plato y ahí estaba George Brett discutiendo con el árbitro. George tiró el bate hacia el dugout y corrí a buscarlo, pero Gaylord Perry lo agarró y me dijo, ‘tú no vas a coger este bate’. Entonces vino el árbitro y dijo, ‘dame ese bate’. Eso me salvó realmente”, agregó riéndose Burbrigde, poco antes de que Brett apareciera por la puerta en ruta a la salida del parque, tras participar hace dos lunes en un partido de luminarias como preámbulo al Juego de Estrellas de la semana pasada.
Pero cómo sería capaz de olvidar aquel cañonazo de Mickey Mantle que se estrelló contra la fachada del techo del antiguo Yankee Stadium. “Casi saca la bola del parque en 1963. Dio en la parte de arriba... con una pulgada o dos más arriba, se hubiera ido la bola”.
“Va a ser triste por el tiempo que hemos estado aquí”, dijo para referirse a la demolición del estadio Frances Mulvey, quien lleva nueve años laborando en el salón de prensa con el concesionario. “Pero con el progreso hay que moverse, y en el nuevo estadio van a haber más cosas para ofrecer al fanático”.
“Ahora el nuevo estadio va a tener que empezar su propia historia”, señaló Verónica Reyes, una fanática ‘antiyankee’ que dijo reconocer el valor histórico de la instalación deportiva de 85 años.